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Siguiendo las huellas de María: Jerusalén se unió en torno a la Asunción para redescubrir su vocación

24 Agosto 2026

En los días 14 y 15 de agosto, la Iglesia de Jerusalén se unió en torno a la Santísima Virgen María para celebrar la Solemnidad de la Asunción. Los momentos de oración, presididos por el Custodio de Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, ofrecieron a los fieles una intensa ocasión de comunión y esperanza.

En la noche del viernes, la celebración comenzó en el huerto de Getsemaní para luego recorrer en procesión hasta el interior de la Basílica de la Agonía. Ante los numerosos religiosos y consagrados presentes, Fray Ielpo roció la estatua de la Virgen con pétalos de rosa blanca impregnados de nardo: un gesto profético para renovar la respuesta de amor de los presentes a la llamada del Señor y consagrar su vida a la proclamación del Evangelio.

En su homilía con motivo de la vigilia, Fray Ielpo recordó el saludo dirigido por el ángel a María: “¡El Señor está contigo!” Esta frase representa la llamada de Dios, una llamada que la Virgen acogió con una fe que sigue siendo un ejemplo para toda la Iglesia.

El sábado 15 de agosto por la mañana, en la Basílica de Getsemaní, se celebró la Misa solemne. Al concluir la Eucaristía, la estatua de la Virgen fue llevada en procesión por el huerto de la Basílica. La Misa adquirió un significado aún más profundo ya que Fray Meye Claude Lundungisa profesó sus primeros votos religiosos, comenzando así oficialmente su camino en la Orden de los Frailes Menores.

El Custodio subrayó en su homilía que la Asunción recuerda a los fieles que acoger la vocación significa dejar que Dios nos guíe en la vida cotidiana con la misma fe con la que María pronunció su “Fiat”.

Por la tarde, tras las Segundas Vísperas en la Gruta de los Apóstoles, los frailes y los fieles se encaminaron hacia la Tumba de María. Un momento de profunda devoción que se repite solo una vez al año: según el Status Quo que regula los Santos Lugares, la Tumba de María está hoy custodiada por las comunidades greco-ortodoxa y armenia. La Solemnidad de la Asunción es la única ocasión en la que la familia franciscana puede cruzar el umbral del santuario y evocar, en el silencio de la oración, el tránsito al Cielo de la Madre de Dios.

Riccardo Curti

*Tomado de Custodia Terrae Sanctae