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En Betania, la fiesta de los santos Marta, María y Lázaro. Los amigos de Jesús, símbolo de las tres dimensiones de la vida cristiana

29 Julio 2026

Una fiesta para celebrar el sentido del que escucha y de la amistad.

Betania, conocida también como al-Azariyeh (“el lugar de Lázaro”), es donde el Evangelio ofrece una de las imágenes más íntimas de la vida de Jesús. Aquí, en las laderas orientales del Monte de los Olivos, Cristo tenía su lugar de refugio: la casa de Marta, María y Lázaro. Un lugar donde reinaban la amistad y el sentido de calidez humana. La vivienda de una familia alejada del bullicio y de la intensidad de los días de predicación en Jerusalén y que concedía a Jesús un espacio de descanso y de serenidad a pocos kilómetros de donde viviría la Pasión.

Es en este lugar donde, como cada 29 de julio, la Custodia de Tierra Santa ha decidido celebrar la memoria de esos tres santos que representaron tanto en la existencia terrenal del Salvador. Los ritos comenzaron al alba, donde en una Betania apenas iluminada por el Sol que salía del desierto, el secretario de la Custodia, Fray Alberto Joan Pari, celebró una misa privada en lo que la tradición identifica como la Tumba de Lázaro. La función que tuvo lugar en la cripta, en la que participaron algunos frailes y fieles, fue seguida después por la Misa solemne en la iglesia de San Lázaro y presidida por el vicario de la Custodia de Tierra Santa, Fray Ulises Zarza. En la homilía, Zarza invitó a los presentes, fieles laicos y religiosos, a pensar en Betania como la casa de los “amigos de Jesús”. Una elección que debe hacer reflexionar. Porque el Evangelio nos recuerda que el Señor “no quiso solo discípulos o colaboradores: quiso amigos”.

Recordando a san Agustín, el vicario de la Custodia subrayó un aspecto casi paradójico de la vida de Cristo. El Creador, de hecho, como todo ser humano, buscó una casa en la que ser acogido y nutrido. Gestos que Él mismo realiza, pero con su existencia y su Palabra. En esta casa, sin embargo, hay también algo más. No hay solo amigos, sino, como explicó Fray Zarza, tres dimensiones de la vida cristiana. Tres aspectos inseparables de la existencia de todo fiel que se identifican en el carácter de los tres amigos de Jesús. Marta enseña el sentido del servicio, valor central de la vida de cada uno, pero que debe ser siempre reequilibrado para no perder de vista al Señor. María, en cambio, nos recuerda que la escucha de la Palabra es el pilar de todo, incluso del servicio. Una advertencia que, como recordó el vicario de la Custodia, vale aún más “en una sociedad como la nuestra, llena de ruidos, de actividades y de urgencias”, donde en cambio “María nos recuerda que el primer deber del cristiano no es hacer, sino escuchar, ponernos a la escuela del Maestro”. Por último, está Lázaro, que primero con su silencio y luego con la resurrección se convierte él mismo en testimonio de la fuerza del Señor. Y precisamente por esta inseparabilidad de estas tres figuras, Fray Zarza invocó al Señor para dar a cada fiel “un corazón como el de María, manos laboriosas como las de Marta y una vida transformada como la de Lázaro”.

Al término de la celebración, como es tradición de la Custodia de Tierra Santa, la comunidad realizó la peregrinación a los Lugares Santos vinculados a Betania y al Monte de los Olivos. La primera etapa fue la tumba de Lázaro, esa cripta excavada en la roca, donde una larga escalera seguida de otra pequeña serie de escalones de piedra conduce al peregrino al lugar de la resurrección del amigo de Jesús. La segunda etapa del recorrido fue el santuario de la Ascensión, en el monte desde el que se domina Jerusalén, y donde la tradición recuerda el último encuentro del Cristo Resucitado con sus discípulos. Tras la lectura del Evangelio, los frailes, siempre precedidos por el “kawas”, la guardia de honor que abre la procesión golpeando un bastón de metal, se dirigieron al santuario del Pater Noster. La iglesia, también en el Monte de los Olivos, es el lugar que recuerda la enseñanza de la oración del Señor. Aquí, los frailes y los fieles concluyeron la peregrinación rezando el Padre Nuestro, encomendando así a la intercesión de los santos Marta, María y Lázaro a la Custodia, a la Iglesia y a quienes recorren el camino del Evangelio.

Lorenzo Vita

*Tomado de la Custodia Terrae Sanctae