En el Santo Sepulcro la fiesta de Santa María Magdalena: “¿A quién buscas?”. La pregunta decisiva de todo cristiano
En la Basílica del Santo Sepulcro, frente al altar de María Magdalena, allí donde el Evangelio según San Juan describe el encuentro de aquella que primero se encontró con el Señor resucitado, la Iglesia de Jerusalén ha celebrado la fiesta dedicada a la Santa de Magdala. La celebración, presidida por el Custodio de Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, junto con el Discretorio, los frailes de la Custodia, y los numerosos fieles presentes para la memoria de la primera testigo de la Resurrección, es uno de los momentos más importantes para la comunidad cristiana. La fiesta de la Magdalena recuerda, en efecto, cómo el dolor puede transformarse en alegría. Porque la pérdida puede convertirse también en encuentro con Cristo. En la homilía, Fray Ielpo ha querido subrayar precisamente este paso espiritual proponiendo a los fieles comprender en lo profundo el camino de María Magdalena.
Las imágenes del Evangelio, en efecto, nos muestran “una mujer que pasa del llanto a la alegría, de la búsqueda al encuentro, de la pérdida a la misión”. Es la misma persona, pero con dos perspectivas diferentes. Por un lado está la Magdalena que se queda perpleja y consternada ante el Sepulcro vacío. Por otro lado, sin embargo, hay una mujer que, a diferencia de los discípulos que volvieron a casa, se queda aunque no tenga respuestas. María, ha explicado el Custodio, “llora porque ama” y “su llanto no nace de la desesperación, sino de la fidelidad”. Esta perseverancia, en un mundo donde parece reinar la angustia, el dolor y la sangre de la que es testigo la propia Tierra Santa, debe ser un faro para cada fiel. “Cuántas veces también nosotros nos encontramos ante nuestros sepulcros: los de la guerra, de las divisiones, de las esperanzas defraudadas, de las personas que hemos perdido, de las fatigas de nuestra vocación”, ha recordado Ielpo, “hay lágrimas que se convierten en oración, lágrimas que preparan el encuentro con Dios”. Y es precisamente este encuentro el que ha estado en el centro de la otra reflexión del Custodio, es decir, partir de las preguntas que Jesús dirige a la Magdalena: “¿Por qué lloras?” y “¿A quién buscas?”. Para Fray Ielpo, es precisamente esta segunda pregunta la que debe ser el centro de la fe de todo cristiano. “Si buscamos solo lo que hemos perdido, nos quedaremos ante un sepulcro. Si en cambio continuamos buscando a Cristo, entonces también el sepulcro puede convertirse en el lugar del encuentro”.
Así, en el corazón de la Basílica del Santo Sepulcro, a pocos pasos del Edículo, la fiesta de Santa María Magdalena hace que cada año la comunidad de frailes y de cristianos de Jerusalén recuerde no solo un lugar, sino sobre todo un momento decisivo de la vida de todo hombre. El testimonio del encuentro entre Jesús y la Magdalena indica a los cristianos de todos los tiempos el camino que conduce del llanto a la fe. Porque, como ha explicado el padre Custodio, “si continuamos buscándolo a Él, incluso en las noches más oscuras, descubriremos que es siempre Él el primero en buscarnos a nosotros, en llamarnos por nuestro nombre y en enviarnos como testigos de la esperanza que nace del sepulcro vacío”.
Lorenzo Vita
*Tomado de Custodia Terrae Sanctae
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