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Fiesta de los Ss. Pedro y Pablo en Jaffa: la memoria de los Santos para la Iglesia universal

29 Junio 2026

“Es hermoso notar que la Iglesia no se funda en primer lugar en una organización o en un proyecto humano. Se funda en la fe. La verdadera roca es la fe en Jesucristo, que Pedro fue el primero en profesar y de la cual se convirtió en custodio y testigo. Por este motivo, cada vez que celebramos la fiesta de San Pedro, celebramos también el don de la unidad de la Iglesia. Pedro continúa siendo el signo visible de aquella comunión que Cristo deseó para Su pueblo.”

Así Fray Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa, subrayó en su homilía la importancia de la fiesta de San Pedro celebrada el sábado 27 de junio.

En la antigua ciudad portuaria de Jaffa, la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo se celebra con una intensidad del todo especial. Asomada al Mediterráneo desde Kedumim Square, la Iglesia franciscana de San Pedro, con su fachada color ocre y el alto campanario que se eleva sobre el puerto antiguo, no es solo un punto de referencia visual para los navegantes, sino un verdadero faro espiritual.

La elección de esta orilla no es casual. Los Hechos de los Apóstoles relatan que precisamente en Jaffa Pedro realizó el milagro de la resurrección de Tabitha y, en el techo de la casa de Simón el Curtidor, tuvo la célebre visión de la sábana bajada del cielo que contenía todo tipo de animales. Una visión que lo impulsó a abrir las puertas del bautismo a los paganos, a partir del centurión Cornelio. Jaffa es, a todos los efectos, el lugar en el que la Iglesia comprendió que no era un "proyecto cerrado", sino una casa universal.

La actual parroquia de San Pedro en Jaffa encarna plenamente esta universalidad de la Iglesia. La comunidad incluye, de hecho, a numerosas personas procedentes de países y culturas diferentes: India, Filipinas, Eritrea, y otras más. El sábado por la noche los fieles se unieron en la celebración de su Santo patrón. La liturgia fue presidida por el Padre Custodio de Tierra Santa, acompañado por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo Giorgio Lingua, y por Fray Apollinare, guardián de la fraternidad franciscana de Jaffa.

Riccardo Curti

*Tomado de Custodia Terrae Sanctae