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La solemnidad del Hallazgo de la Santa Cruz en la Basílica del Santo Sepulcro

08 May 2026

Cada año, el 7 de mayo, la Iglesia de Jerusalén revive con profunda devoción la memoria del Hallazgo de la Santa Cruz, evento que, según la tradición cristiana, vio a Santa Elena, madre del emperador Constantino, hallar en el siglo IV la madera en la que fue crucificado el Señor, custodiada cerca del Calvario en la antigua cisterna que hoy se encuentra en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro.

La fiesta litúrgica, conocida también como Inventio Crucis o Hallazgo de la Verdadera Cruz, es entre las más sentidas en la Tierra Santa, y, a diferencia de cuanto ocurre en la mayor parte de las Iglesias tras la reforma litúrgica de 1969, en Jerusalén esta continúa siendo celebrada en su fecha tradicional del 7 de mayo, en estrecho vínculo con los eventos y los lugares ligados a la Pasión, a la muerte y a la Resurrección de Cristo.

Tras meses marcados por celebraciones reducidas a causa del conflicto iniciado el 28 de febrero pasado, este año los frailes de la Custodia de Tierra Santa han podido volver a vivir la solemnidad con plenitud litúrgica.

Por primera vez en este periodo difícil, el Custodio, Fray Francesco Ielpo, ha podido recibir todos los honores previstos por el protocolo litúrgico para las solemnidades en la Basílica, restituyendo a la fiesta la dignidad y la solemnidad que le son propias.

La celebración se ha articulado en dos días ricos de fe y oración, marcando una recuperación significativa de la vida espiritual ante el Santo Sepulcro.

La fiesta ha comenzado en la tarde del día precedente, con una procesión solemne de los frailes a través de los pasillos de la Basílica que, aunque todavía interesada por trabajos de restauración para la colocación de las nuevas piedras del pavimento, ha acogido con recogimiento los cantos y los gestos de piedad.

El cortejo se ha dirigido hacia la Capilla de Santa Elena, lugar en el que la tradición coloca el hallazgo de la Cruz.

Aquí, el ambiente adornado con solemnidad ha servido de marco a las Vísperas cantadas, celebradas con gran participación.

Al término de las Vísperas, la procesión ha proseguido hacia el Calvario, hasta la Tumba de Cristo, en un peregrinaje que ha unido los misterios de la Pasión con la memoria del hallazgo de la Cruz.

En el corazón de la noche, los frailes han proseguido en la oración en la capilla del Hallazgo, ofreciendo a los pocos presentes un tiempo de intensa contemplación.

La mañana sucesiva, en la Basílica del Santo Sepulcro, la misa solemne ha sido presidida por el Custodio, Fray Francesco Ielpo.

En su homilía, Fray Ielpo ha ofrecido una meditación sobre el pasaje del Libro de los Números que narra el episodio de las serpientes venenosas y de la salvación donada a quien alzaba la mirada hacia la serpiente elevada.

De modo sugestivo ha recordado cómo "cada vez que nuestros proyectos se alejan de las promesas de Dios", nuestra propia terquedad puede transformarse en serpientes que envenenan el corazón. Solo volviendo a fijar la mirada en Cristo crucificado, ha recordado el Custodio, podemos hallar salvación y vida plena en su amor misericordioso.

Al término de la Eucaristía una solemne procesión alrededor de la tumba de Cristo ha llevado a los tantos religiosos y fieles presentes a arrodillarse devotamente por tres veces ante la reliquia de la Santa Cruz para recibir una triple bendición impartida por el Custodio de Tierra Santa: ante la tumba, ante el altar de la Magdalena y en la capilla del Santísimo de los frailes de la Custodia.

La solemnidad del Hallazgo de la Santa Cruz no es solo memoria de un hecho histórico ligado al descubrimiento de la reliquia, sino que es sobre todo una invitación a mirar constantemente a Cristo Crucificado y Resucitado. En esta fiesta única en el mundo, celebrada en la Basílica del Santo Sepulcro, encrucijada de la fe cristiana, los fieles son llamados a contemplar el misterio de la Cruz como fuente de esperanza, de conversión y de salvación.

Fray Alberto Joan Pari

**Tomado de Custodia Terrae Sanctae