Paz y Bien.
Del 1 al 8 de julio la Comisaría de Tierra Santa organiza una tanda de Ejercicios Espirituales en Tierra Santa, dirigidos por D. Eliseo García Rubio y acompañados por Fr. Juan Pedro Ortega Torrero, franciscano. Por fin después de la pandemia y la guerra, podemos retomar esta iniciativa.
A continuación os dejamos el testimonio de un peregrino de los ejercicios espirituales que los vivió en el año 2019. Fr. Amancio Pérez, ofm, nos envió su testimonio que queremos compartir con vosotros. Vino encantado, tanto que a algunos pudiera parecerles que era la primera vez que había estado en Tierra Santa pero no es el caso, pues Fr. Amancio ya ha peregrinado a la Tierra del Señor en unas cuantas ocasiones, así que os animamos a todos a peregrinar a Tierra Santa, ya sea vuestra primera vez, o repitiendo; en régimen de ejercicios espirituales, o en cualquiera de las peregrinaciones habituales que llevamos a cabo durante todo el año, que os recordamos a continuación y que siempre podéis ver actualizadas aquí en nuestra web.
Testimonio:
"Del 4 al 11 de junio de 2019, un grupo de peregrinos, 28 personas en total, embarcábamos en el aeropuerto de Adolfo Suárez de Barajas rumbo a Israel, Tierra Santa, con la ilusión de pisar la tierra santa que pisaron los pies del mismo Jesús y visitar los Santuarios y lugares de los que nos hablan los evangelios y que al releerlos ahora, adquieren un nuevo significado.
Al llegar a Tel Aviv, nos esperaba David, el conductor que nos acompañará durante esta semana. El guía logístico de la peregrinación ha sido Fr. Juan Pedro Ortega Torrero, franciscano, y el director espiritual de los Ejercicios, el sacerdote abulense Don Eliseo García Rubio. Gracias, de antemano, a ambos por el bien que nos han hecho y por lo bien que han sabido desempeñar la misión encargada.
Al leer el itinerario a recorrer, y ver los lugares que íbamos a visitar a lo largo de la semana, me entraban dudas de cómo poder encajar en ese amplio programa unos “ejercicios espirituales”. Hablo a nivel personal y, la duda, enseguida me quedó aclarada. Todo el grupo teníamos claro que era una peregrinación especial, por el hecho de que íbamos a hacer “ejercicios espirituales” y ello conllevaría algunos recortes en la visita de ciertos lugares.
Hemos estado tres días en Nazaret, en la Galilea de los gentiles y, desde allí, nos hemos desplazado al Monte Carmelo, donde celebramos la eucaristía y tuvimos la primera meditación de los Ejercicios. Hemos recibido tres meditaciones diarias, centrado el tema en los santuarios donde las recibíamos. Después de cada meditación, se nos entregaba un resumen de la enseñanza con unas interesantes preguntas para reflexionar.
En Caná de Galilea, recordando el primero de los milagros de Jesús por mediación de su Madre, tres de los matrimonios del grupo, renovaron emocionados su consentimiento matrimonial.
Hemos visitado el Monte de las Bienaventuranzas; el Santuario que recuerda el milagro de “la multiplicación de los panes y de los peces”, que custodian los Benedictinos. Los Franciscanos estamos celebrando este año los 800 años de la visita de san Francisco de Asís a Tierra Santa. Un gran cartel nos lo recuerda al llegar a cada uno de 74 santuarios custodiados por la Orden Franciscana.
Emotiva, sobre todo para los novatos, fue la travesía en barco por el lago de Tiberíades. En un momento determinado, se pararon los motores del barco para poder escuchar el evangelio correspondiente, donde Pedro le grita al Señor: “Sálvanos, que perecemos”. Allí, en la mitad del lago, sonó de manera especial la conocida canción: “Tú has venido a la orilla, no has buscado ni a sabios ni a ricos…”. Por la tarde de este segundo día, visitamos el santuario del Primado de Pedro, en Tabgha, donde al aire libre celebramos la Eucaristía. Después de poder meter los pies en el lago, volvimos a cenar y descansar en el hotel de Nazaret.
El tercer día de la peregrinación, pasamos toda la mañana en Nazaret, visitando la ·gruta de la Virgen”, donde María escuchó el saludo del ángel: “alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Y la respuesta de la Virgen: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
Celebramos la Eucaristía en la Basílica de la Anunciación y los religiosos/as hicimos la renovación de nuestra vida consagrada. Después de comer nos dirigimos al “Monte Tabor”. Llama la atención la pericia y rapidez con la que los taxistas del lugar nos suben a lo alto de la montaña del Tabor. Allí, de nuevo, escuchamos las palabras de Pedro a Jesús: “Qué bien se está aquí”. No daban ganas de descender, pero había que hacerlo. Regresamos al hotel en Nazaret y después de la cena participamos en la “Hora Santa” de la Basílica de la Anunciación. El comentario del grupo fue unánime: ¡ha sido una gozada!
Después de tres días en Nazaret, en el hotel “Golden Crown”, salimos camino de Jerusalén, deteniéndonos en el río Jordán para renovar las promesas del bautismo. En Jericó, en la iglesia franciscana del “Buen Pastor”, celebramos la Eucaristía y seguimos ruta, camino de Belén, donde entramos cantando el conocido villancico de Raphael: “el Tamborilero”. Comimos en Casa Nova de Belén. Visitamos y adoramos la Gruta de la Natividad que evoca el nacimiento de Jesús y después nos saludó el Guardián de la Comunidad: Fr. Artemio Vítores. Aquí, en Tierra Santa, el Evangelio tiene una resonancia especial: al leer el texto hay que acentuar el “aquí” sucedió lo que estamos recordando y celebrando.
Al divisar la ciudad santa de Jerusalén, entonamos el salmo: ¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor… Estamos hospedados en “Casa Nova”, muy cerquita del Santo Sepulcro.
Del 8 al 11 de junio, lo pasamos en Jerusalén. Hemos podido besar “la piedra de la Unción”; orar en el Calvario, donde Jesús fue crucificado; meter la mano, donde la tradición dice que estuvo clavada la cruz; celebrar la eucaristía. Iniciar en el Convento franciscano de la Flagelación el Viacrucis y hacerlo por la Vía Dolorosa hasta llegar al Calvario, dentro ya del Santo Sepulcro. Extraña el ruido y ajetreo de las gentes por aquellas calles estrechas, cada cual a lo suyo, a sus negocios, algo así como sucedería el día que fue crucificado Jesús.
En Begfagé, santuario franciscano, fray Aquilino Castillo nos habló de una piedra grande, donde la Tradición dice que Jesús sube al borriquillo para entrar aplaudido como Rey en Jerusalén el Domingo de Ramos. Descendiendo por el Monte de los Olivos, visitamos la iglesia del “Padre nuestro”, donde los discípulos le dicen al Maestro: “Enséñanos a orar” y vemos el Padre nuestro escrito en las paredes en multitud de idiomas. También nos detuvimos en la iglesia del “Dominus flevit”, que recuerda aquellas palabras que le hacen llorar a Jesús: ¡Jerusalén, Jerusalén: Cuántas veces he querido acogerte como lo hace la gallina con sus polluelos y no has querido!
El 9 de junio, domingo, celebramos Pentecostés en Emaús. Una hermosa y cuidada iglesia. Se alegran mucho los frailes franciscanos de ver a los grupos de peregrinos, ya que están muy aislados y no hay apenas cristianos. En Emaús solo cuentan con una familia cristiana. Les hacen la vida muy dura tanto judíos como musulmanes y tienen que huir. Quien permanece en el lugar es la Comunidad franciscana. Algo parecido nos contaban los frailes que cuidan el santuario de Betania, donde Jesús con frecuencia se retiraba a descansar en casa de Marta, María y Lázaro.
Han sido incontables las experiencias vividas estos días en la Tierra de Jesús. Quisiera recordar la “Hora Santa” vivida en la Basílica de la Agonía y la procesión con la Custodia llevada en andas por el Huerto de Getsemaní, en la noche. ¡Impresionante!.
Pudimos disfrutar también en Getsemaní, por estar de ejercicios, del Eremitorio que tienen los frailes para quienes temporalmente quieren alejarse del ruido del mundo, con doce “eremos” particulares.
No quiero terminar esta experiencia, sin hacer una referencia al santuario de la Visitación de la Virgen a su prima Isabel en Ain-Karem. Es verdad que hay que subir muchas escaleras antes de llegar al santuario, y encontrarte con el abrazo de las dos madres. ¡Dichosa tú que has creído, dice Isabel, y María responde con el Magnificat: “proclama mi alma la grandeza del Señor… Doy gracias a Dios por haber tenido la oportunidad de vivir estos Ejercicios Espirituales en Tierra Santa. Felicito a Don Jesús por sus “Bodas de Oro sacerdotales y a Don Eliseo García Rubio por su “Bodas de Plata sacerdotales”. Los ocho sacerdotes del grupo pudimos dar gracias a Dios por el ministerio sacerdotal y renovarlo en el Cenáculo.
Suelen decir, el último día, los Directores de Ejercicios, que nada ha terminado; que, a partir de ahora, comienza todo. Con esta esperanza he vuelto a mi destino de Alcorcón. Estoy seguro que los integrantes del grupo, si les llegan estas impresiones personales, estarán de acuerdo conmigo y me dirán: Amancio, te has quedado muy corto.
De nuevo, muchas gracias, a Fr. Juan Pedro Ortega y a Don Eliseo García Rubio, que han hecho posible esta peregrinación y Ejercicios Espirituales en Tierra Santa.
Un abrazo.
Fr. Amancio Pérez Arroyo, ofm
Alcorcón, a 16 de junio de 2019, solemnidad de la Santísima Trinidad."
Os dejo el folleto:
¡YA PODÉIS APUNTAROS, TIERRA SANTA TE ESPERA Y TE NECESITA!
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